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Saturday, March 30, 2013

Korean garments from disassembled old books



Traditional Korean garments are reinvented in this robe made from disassembled old books. Artist Kim Tae Soon sees her work as a commentary on the Confucian tradition of burning the clothing of deceased parents to speed their journey to heaven. “A Korean Rauschenberg” is how Getty president Jim Cuno describes it. More of Kim Tae Soon’s costume series here: http://www.kimtaesoon.com/spirit-hanbok.html



Friday, March 29, 2013

Reflexionando sobre la vida y la muerte con "Kaleidoscope" de Bradbury

Mi versión de Kaleidoscope, de Bradbury. Intervención digital fotográfica.

Como contaba en el post anterior acerca de mis comienzos con el ereader, uno de los primeros libros que pasé desde mi PC es The Illustrated Man, o El Hombre Ilustrado de Ray Bradbury, y estoy sintiendo el placer de leerlo por segunda vez y con muchos años de diferencia.
Esta serie de cuentos fue mi primer contacto con Ray Bradbury, y bastó para que lo adorara, aunque sus últimos trabajos no me han atrapado.
Lo bueno del paso del tiempo, es que la lectura es distinta y nuestras interpretaciones, también. Cuando  leí el cuento Kaleidoscope o Calidoscopio, lo que registré en mi memoria fue la conversación -amigable- de dos hombres que caían en el espacio, hacia su muerte, y pensé, qué diría uno al saber que sólo le resta una hora de charla. Pero, a mis quince años, sin mayores preocupaciones, no reparé en que el cuento iba más allá de eso.

Un cohete explota en el espacio, y su tripulación, (alrededor de una docena de astronautas), cae a toda velocidad, mientras se van separando a miles de millas de distancia. Aún pueden intercomunicarse, tal vez por una hora. Uno caerá en Plutón, otro quedará atrapado en un calidoscopio de meteoritos, otro terminará en la luna, y uno solo, Hollis, atravesará la atmósfera de la tierra y arderá.
En esa ¨charla,¨ hay quien grita desesperado, hay acusaciones, resignaciones, disculpas. Lo más importante son las palabras que cruzan Hollis y Lepere. Éste último, había disfrutado la vida, tenía dinero, mujeres en distintos planetas, ansias por hacer cosas. Mientras que Hollis, se reconoce como un hombre temeroso, aislado de la sociedad, cauteloso, celoso. Cuando Lepere cuenta sus anécdotas de vida, Hollis, maliciosamente, le dice que al fin de cuentas, ambos morirán. Pero Lepere tiene hechos para contar, mientras que  Hollis tiene sólo sus pensamientos y deseos; uno ha estado lleno de vida, el otro, ha sido un muerto en vida. 
El reconocimiento de esta situación, hace que Hollis reflexionara, que ya no tiene tiempo de dar marcha atrás, sin embargo, así como hay diferentes vidas, hay DESTINOS de distintas muertes, aunque la razón, sea, como en este accidente, la misma: ¨La calidad de la muerte, como la de vida, debe tener infinitas variedades, y si uno ha estado muerto ya una vez, qué queda entonces para buscar de bueno en la muerte?¨  (Mi traducción).
Finalmente, al atravesar la atmósfera, la muerte de Hollis tiene un significado importante para un niño.

Hermoso cuento, y les dejo el link para que lo lean en  un sitio on line.

Wednesday, March 27, 2013

Mi experiencia con mi primer ereader



Finalmente he sucumbido al ereader, y sabía que sucedería en algún momento, cuando la tecnología me avasallara o mejor dicho, me acorralara.
Y no es que he abandonado mi preferencia por el papel, su olor, su textura, sino que los textos cada vez más se publican on line o en formatos digitales y necesitamos una maquinita con qué leerlos.
No me refiero a las computadoras, tengo una importante para dibujar con comodidad, con monitor grande, y mi celular con todas las funciones de esperar; sin embargo, hay una cantidad de textos sobre los que no posteo, que son ¨papers¨ o publicaciones profesionales cuyo formato invariable es pdf y sólo con un ereader puedo leerlos fuera de mi escritorio. A ellos les sumo una cantidad de clásicos que suelo bajar de Project Gutenberg u otros sitios gratuitos, a los que he dado prioridad entre las novelas.
Este post parecerá muy ingenuo a aquéllos que tienen en claro qué desean comprar, y sólo basta con elegir una marca de tablet de moda. Pero lo dedico a aquéllos cuya intención primaria es la lectura.

La historia comienza con que mi esposo se compró una tablet Craig, barata, y a los pocos días no anduvo. La abrió, y una plaqueta estaba desconectada, con un cablecito ¨insignificante,¨ cortado. La llevó a varios lugares de reparación y la respuesta fue siempre la misma: para un artículo de menos de 100$ (dólares) no se hacen arreglos, deséchela señor!
Al mes, compró una hermosa Samsung, y me ofreció compartirla para leer. Muy complacida, bajé algunos pdf´s que tenía en mi PC y cuando quise pasar las hojas, el zoom se me desconfiguró, debía volver a acomodar la página y agrandar la letra. Intentamos configuraciones, y no encontramos la solución. Otro problema es el brillo del acabado que no está pensado para ereader.
Entonces decidimos comprar otra para leer exclusivamente, y pensamos en una Kindle de Amazon. Fuimos a averiguar y el que compre Kindle ereader, paper white, está atrapado con el mercado de Amazon, no es posible pasar archivos desde la computadora. Fuimos luego a Barnes and Noble, pensando que la Nook sería más amigable. Pues no. Los modelos blanco-negro son sólo para compra de libros del mercado de dicha librería, a no ser que gastemos lo mismo que una tablet, y para eso, ya teníamos una.
Finalmente, encontramos una muy sencilla de Sungale, que no me tiene atada al mercado de libros digitales, es simplemente un lector de archivos a color. Entiéndase bien: no tiene wi fi, ni lo necesito, porque yo bajo y compro a través de mi computadora. 
Comenzamos probando un libro en pdf, y vimos que tenía el mismo problema de la tablet; pasamos a .text y a html y funciona perfecto, una vez que alcanzamos el zoom deseado, pasamos páginas sin problemas de desconfiguración. La razón, los pdf se leen como si fueran fotos, así que me dediqué un rato a convertir archivos pdf a text para pasarlos al ereader: desde el acrobat reader, ponemos save as o guardar como : ¨text¨. 
Mi esposo, decidió hacer lo mismo con su tablet más avanzada, y vió que no podía. No tiene lector de html o text a no ser que se bajen apps. Y por supuesto, aún no hay lectores de .doc, pero ya están viniendo.
Conclusión, no tendré una tablet poderosa, pero es un buen ¨utilitario,¨ de 1.6 G de memoria, con la posibilidad de agregarle una tarjeta de 32G. Con respecto al hábito de lectura, aún debo acostumbrarme al formato. Al leer en fragmentos y  no ver la página completa (debo ampliar un poco el zoom), pierdo la noción de la totalidad del libro, lo que me incomoda. Tal vez sea por mi profesión, que estoy acostumbrada a ver primero el todo, luego las partes. Es decir, con el libro, mentalmente tengo su estructura, el prólogo, índice, cantidad de capítulos, ahora siento que leo parcialidades y eso me distrae un poco, no es una impresión racional, sino intuitiva.
El post continuará si descubro más bondades o inconvenientes.

NOTA AL 28 DE MARZO:
He tratado de bajar Ulysses, de James Joyce de Project Gutenberg, y la conversión a html no anduvo, pero sí con otros libros. Tanto .txt como html se leen bien.
Algunos libros en txt se desconfiguran. Primero pensé que era el ereader, luego observé que en mi computadora se ven exactamente igual desconfigurados, o sea, es un problema de la conversión del archivo. Lo ideal, es testear primero en nuestras PC´s.
Recuerden que esto sucede porque no estoy comprando libros ya preparados para ser leídos en ereader, entiendo que comprando por Kindle o Nook, no deberíamos tener este inconveniente. Sin embargo, he leído que las ediciones de bajo costo no son corregidas adecuadamente y muchos usuarios se han quejado por la falta de legibilidad
Con respecto al lenguaje, no recomiendo esta modalidad para quienes están aprendiendo un idioma, porque las palabras, según la configuración del texto original, pueden quedar cortadas en cualquier lugar, y por supuesto no vemos el texto justificado. Debemos tener un amplio dominio del idioma para que no nos afecte.
El ¨juguete¨ me ha resultado sumamente tentador para pasar desesperada de un libro a otro, imaginen, tener tanto en algo tan pequeño. Anoche empecé con un libro de urbanismo, y luego de una hora salté a The Illustrated Man, de Ray Bradbury, que no leía desde mis quince años, tal vez algún cuento suelto he releído. Y no podía dejarlo, hoy necesitaría unas horas más de sueño....

NOTA AL 7 DE JULIO:
Siempre tuve en mente usar la tablet para ir leyendo en el auto mientras mi esposo manejaba en la autopista. Pero no ha sido posible, ya que la pantalla no es de papel digital y el sol no me deja ver, por más que he cambiado el color de la letra, el fondo.
Para quienes vayan a comprar una tablet, recuerden determinar dónde leerán, al sol o en un ambiente con luz natural pero no directa.
Me ha resultado fantástico, por ejemplo si me despierto temprano un fin de semana (no me despierto nunca tarde, por fuerza de costumbre), y ya entra en la habitación un poco de claridad. No necesito ni abrir la ventana ni prender ninguna luz.
Luz artificial directa tampoco es necesaria en estas tablets.

Sunday, March 24, 2013

The mysterious flame of queen Loana. La misteriosa flama de la reina Loana.


Recientemente he leído The mysterious flame of queen Loana (2004), o La misteriosa flama de la reina Loana, de Umberto Eco y brillantemente traducida del italiano al inglés por Geoffrey Brock.
De las novelas de Eco, he leído ya otras dos: El nombre de la rosa (mi favorita por ahora)  y El péndulo de Foucault.  The mysterious flame of queen Loana no es una novela estrictamente hablando, sino la historia de un señor pisando sus 60 años, Yambo, anticuario de libros, que sufre la pérdida de su memoria y sólo recuerda frases de libros.
La primera parte, es la más interesante, cuando él comienza a reconstruir su vida: es casado, con hijas, tres nietos y una secretaria joven y bellísima, sobre la que tiene dudas si alguna vez intentó seducirla.
En sus ansias de saber más sobre su pasado, Yambo vuelve a su casona familiar de campo,donde relee en parte y saca a la luz una cantidad de libros e historietas de cuando era niño y adolescente, entre ellos también, libros de sus abuelos y padres.
He sentido que la trama sencilla no es más que una excusa de Eco para relatarnos sus primeras lecturas  y a través de ellas la historia de la Italia entre guerras.  Varios capítulos van destinados a ellos y sucede como siempre con Eco, algunas partes son muy interesantes y conmovedoras, otras, sencillamente aburridas, todo embellecido con ilustraciones de las épocas referidas, todas las viñetas son muy simpáticas y arman como una subhistorieta.
Finalmente, Yambo sufre un episodio cardiovascular, y los recuerdos vuelven como en un sueño.
Un libro que recomendaría sólo a los que aman a Umberto Eco. Aquí les dejo los links para que lean los review del NY Times y de Guardian:   


Sunday, March 17, 2013

¨Leyendo¨ un álbum desamparado de fotos antiguas

Texas family. From Texasescape.com

Este fin de semana, he visitado con mi esposo el swap meet, que  sería un  mercado de pulgas; una feria donde se vende lo inimaginable, casi todo usado, con una minoría de nuevo o así lo parece.
Nuestra intención era encontrar una pieza de un trípode de cámara fotográfica. O un trípode para desarmar y recuperar uno de gran calidad. Mi segunda intención era distraerme con la búsqueda del tesoro y caminar bajo el sol de fines de invierno.
Entre tantos cacharros, he visto un álbum de fotos instantáneas a color, de una joven mexicana con su familia, con su hijo, fotos de su bebé, sus pades (?), al lado de  otro álbum, que presumo sería del 2000, y mi gran pregunta, ¿a quién le interesaría las fotos de seres anónimos del SXXI? Según mi esposo, ¨no tuvieron tiempo de remover las instantáneas.¨ Con el corazón apesadumbrado, seguí caminando, no se me ocurre cómo las fotos de una joven con su bebé pueden terminar tiradas en una mesa entre tanta cosa desechada.
Y cuando ya nos íbamos, veo en un stand retratos acuarelados de dos ancianos del SXIX, y otro de una casa en la campiña. Recorro el stand, y sobre una de las mesas, el antiguo álbum familiar de tales ancianos.  Perteneciente a una familia de apellido británico, comienza en su madurez, en algún momento nace un varoncito de cara bien redonda, quien porta los ojos celestes de sus ancestros. El bebé crece, leo las notas en los márgenes, luego el joven va a la marina, disfruto fotos de barcos, compañeros todos en uniforme, más adelante su casamiento con una jovencita asiática, los hijos, la vejez, los nietos. Y la transición del álbum: varias hojas de un testamento mecanografiado que leo con interés; a partir de allí, las fotos son en colores, de otra abuela que ya no se parece en nada a la tatarabuela de hermosos ojos azules, el final abrupto en algún punto de sus vidas.
Fin de mi lectura. 
Ya sé lo que se avecina: mi esposo, parado al extremo de la mesa, se impacienta y me pregunta qué me pasa que me demoro tanto en curiosear sobre una familia sobre la que no tenemos el menor indicio. Me excuso, sinceramente, y pregunto quién sería capaz de dejar un álbum en el que leemos completa la vida de -al menos- un individuo.
-Habrán vendido el lote completo en una demolición-, sugiere mi marido; me doy vuelta, y en la mesa de enfrente, más fotos del muchacho del navy, que parece mirarme sonriente y me llena de melancolía.
Estoy tentada de llevar algunas impresiones sueltas, pero no me decido. Con el dolor del alma, no puedo proteger del desamparo a toda la familia, sus fotos están por doquier. Elijo dos postales vintage que usaría como señaladores para mis libros. Y espero la discusión con el señor mexicano que regentea el lugar; ya he pasado por esta situación, me verá cara de argentina interesada y esbozará un precio al azar, que yo refutaré y tal vez hagamos o no negocio. Pretendo desinteresarme, no llegamos a un acuerdo. Y no me atrevo a preguntar cuánto cuesta el álbum olvidado. Para mí, las memorias no tienen precio suficiente.

Friday, March 15, 2013

Una anécdota ¨erótica¨ de Mujica Láinez en el teatro Colón

Una antigua foto del teatro Colón, bajada de la nota de la referencia.

Hoy estuve leyendo una nota muy amena de Hugo Beccacece sobre Las Pasiones Ocultas del Teatro Colón, nuestro orgullo en Buenos Aires, y de ella, reproduzco una anécdota cargada de erotismo, divertida a la vez, del gran escritor Manuel Mujica Láinez, a quien tanto admiro:

Manuel Mujica Láinez. Google Images

¨A propósito de Eros, en la madurez, Manuel Mujica Lainez, Manucho, contaba un episodio que le había sucedido en su juventud (cuando aún no estaba casado). Lo contaba con gracia pero también con una dosis de misterio. En aquella época, él circulaba por los salones de Buenos Aires con curiosidad y cierto desparpajo, protegido por una coraza hecha de ironía, frases punzantes y el don del relato. Un matrimonio muy elegante, de esos (según el decía) cuyos apellidos sonaban a música de Bach, lo había invitado a una función de ópera en el Colón. ¿Cuál? ¿ Tristán e Isolda ... ¿ Turandot ... Uno de los atractivos de esa noche era que el matrimonio tenía un palco baignoire , los famosos e inquietantes palcos enrejados, llamados "palcos de viuda", desde los que se escucha la música con gran concentración, porque están aislados de todo espectáculo mundano: no permiten ver el escenario con comodidad ni tampoco ser vistos. Manucho nunca había estado en una de esas curiosas "cavernas" de terciopelo rojo que preservaban la intimidad. Se sentó entre la esposa y el esposo en la penumbra de esa especie de gruta recorrida de modo irregular por los reflejos de las luces que provenían del escenario. Se sentía atraído desde hacía mucho tiempo por la mujer experimentada e inalcanzable que tenía a su lado: era hermosa, mayor que él, muy altiva y desenvuelta, pero con ojos brillantes de malicia. En cierto momento, llevado por el lirismo de la música, tuvo la impresión de que flotaba, de que ningún obstáculo se interponía entre él y sus deseos. Protegido por las tinieblas, sin pensarlo, tendió su mano derecha para apresar la mano izquierda de su vecina. Lo hizo con pasión, pero también con una temerosa ternura. Ella no lo rechazó, no apartó la mirada de la escena, fingió que nada había ocurrido, pero respondió con una leve presión a la de su joven amigo. El cuerpo del joven escritor había desaparecido o más bien se había concentrado, íntegro, en aquella mano; todo él era esa mano; sin embargo, de pronto, volvió a tomar conciencia de lo que lo rodeaba para reprimir la sorpresa: su otra mano, la izquierda, había quedado cautiva de la mano derecha del marido, que había replicado el gesto de Manucho. ¿Era una advertencia o una invitación? Los tres ocupantes del palco no se movieron ni se miraron, pero continuaron enlazados por la música y esa cadena de dedos cálidos que, de tanto en tanto, volvían a ajustarse y ensayaban una caricia distinta con la mayor discreción y temeridad. Los tres seguían contemplando el desarrollo de la acción y apretándose las manos como si no les pertenecieran, como si el trío no hubiera advertido lo que era imposible ocultar. El aire confinado del palco estaba cargado de tensión, invadido por la música incandescente y por todo lo que no se decía. Cuando el acto terminó, los tres se levantaron de sus sillas, comentaron las interpretaciones y salieron a caminar por los corredores y salones. Se volvieron a encontrar en fiestas, en comidas, en otros espectáculos, pero ninguno de los tres mencionó el episodio o lo evocó con una mirada cómplice.¨

Friday, March 8, 2013

¿Tiene sentido seguir escribiendo ficción?


Un cuadro surrealista de Vladimir Kush mostrando un libro -aparentemente- de ficción
He dado con el artículo de Verónica Chiavarelli  para La Nación, del cual reproduzco una parte, y me he sentido absolutamente identificada por los sentimientos descriptos.
Y no es que yo sea novelista, cada tanto me inspiro para escribir un microrrelato, algunos que he tenido la suerte de publicar gratuitamente por selección del editor, y he ganado algunas menciones. Pero premios y reconocimientos en literatura no son mi meta, lo hago por placer.
Sin embargo, estando en la biblioteca de Huntington Beach, en la sección de venta de libros usados, me ha asaltado la pregunta de porqué habría tantos autores de ficción -fundamentamente veo autoras femeninas-, si lo hacen por pasatiempo o con la esperanza de lograr un best seller, o de llegar a ser famosas. No lo sé. Pero como dicen en el artículo, no hay tiempo para leer tanto en oferta, y seguramente hay títulos excelentes en tanto que se acumula en las bibliotecas y librerías. 
Luego, el comentario de Ian Mc Ewan, aún siendo yo más joven que él, tengo la inquietud Borgeana de cuestionarme cuántos libros más he de leer en lo que me quede de vida; por lo tanto, he desplazado mi atención a los que creo no debiera haber dejado de lado, muchos clásicos y libros científicos, es así como unos días atrás hice un post sobre El Conde de Montecristo, que leí en 2013. Más vale tarde que nunca....
Sinceramente, creo que los escritores debieran continuar escribiendo, por alguna razón el destino les ha dado la oportunidad, y siempre es un placer poder desarrollar un acto creativo.
Vamos al artículo:
Un escritor argentino muy popular se lamentaba en privado: "Cada vez que entro en una librería y veo los estantes y las mesas rebosantes de novelas que acaso nadie compre, muchas de ellas seguramente buenas, merecedoras de lectores atentos, me pregunto qué sentido tiene seguir escribiendo y agregar una historia más". El brote melancólico era injustificado en su caso (cada vez que publica un libro, inmediatamente se ubica entre los primeros puestos de las listas de best sellers ). Sin embargo evidencia los síntomas de un agobio que todo amante de la literatura conoce: la abrumadora cantidad de ficción que nutre las librerías sin cesar es inversamente proporcional al tiempo escaso del que se disponer para leer.
La semana pasada, en el suplemento Babelia, de El País de Madrid, el escritor británico Ian McEwan planteaba un problema similar pero aún más provocativo porque, como novelista, no se pregunta por qué escribir ficción sino más bien por qué leerla, consciente de que el interrogante no recae sólo sobre sí mismo sino que entra como un proyectil en la desarticulada comunidad de los lectores del mundo.
Dice McEwan: "Mi corazón de escéptico flaquea cuando me acerco a la sección de ficción de una librería y veo [...] las frases publicitarias sobre las cubiertas (´Él la quería, pero ¿ella lo iba a escuchar?'), los resúmenes de argumentos en las solapas, con su solemne uso del presente: ´Henry abandona su matrimonio y se embarca en una serie de salvajes...' [...] Tengo 64 años. Con suerte, podrían quedarme aún unos 20 años de lectura. ¡Quiero aprender cosas del mundo! Quiero leer a cosmólogos que me hablen de la creación del tiempo, a los analistas del Holocausto, al filósofo que se ha emparentado con la neurociencia, al matemático capaz de describir la belleza de los números al más zopenco, a los aficionados a la guerra civil inglesa".

Thursday, March 7, 2013

Los libros ¨literalmente¨ iluminados de Iran Kang



Iran Kang es un artista Sur coreano que trabaja en libros ¨iluminados¨ digitalmente y también los ilumina literalmente, a través de semiconductores LED (light emitting diode) de baja intensidad y con mucho brillo.
Su muestra actual, Luminous Words, exhibe más de cien libros iluminados digitalmente y nuevas pinturas LED, lo que se considera como una exploración en la ontología y evolución del libro como fuente de conocimiento en la era digital.
Estos libros son como esculturas luminiscentes, transparentes por el uso de resinas sintéticas.
El resultado, es que la asociación con el objeto ¨libro verdadero¨ es removida, y se lo contempla en relación al título.

FUENTE:




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