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Tuesday, January 28, 2014

The Call of the Toad. Malos Presagios. De Günter Grass


He terminado de leer esta ¨novela¨ de Günter Grass, y mientras buscaba con esfuerzo el nombre traducido al español (literalmente), dí con la crítica en el New York Times, escrita por Peter S. Scott, que refleja mis propios pensamientos, exactamente, al punto que pensé, porqué a Grass le habían dado el premio Nobel (y no a Borges...). Debajo, reproduzco mi opinión rasa en las palabras de Scott:

¨A wit was once asked how he expected to spend eternity in Heaven. He replied: "With English books and German music." "And how," he was asked, "would you spend eternity in hell?" "With the reverse, of course."
An overstatement, surely, but it's nice to think that in the latter eventuality he'd find Gunter Grass's new novel on the Stygian shelf. Compared to some of Grass' major efforts--"The Tin Drum," for instance, or "Dog Years"--"The Call of the Toad" is short; it only seems if one needs an eternity to get through it. (.....) Is it possible that this book, in the original German, has some charm? I have no way of knowing, but I suspect that if "Toad" were not by Grass, it would not have been published here. It's not likely to find an audience here; like local wines, some European novels don't travel well.¨
Claramente, a él también le llevó una eternidad leer esta novela, que de novela no tiene nada, salvo la clasificación comercial. Diría que es un compendio de datos económicos y geográficos, terriblemente aburridos, en forma tal que parece un reporte financiero.
El argumento es bien sencillo: un señor alemán viudo, Alexander Reschke, entabla conversación, por accidente, con una señora viuda polaca, Alexandra Pietkowska. Se sienten atraídos mutuamente, por sus coincidencias -incluídos los nombres y actividades afines- ella lo invita a él a visitar la tumba de sus padres, y, casualmente surge la idea de hacer una asociación (que funciona como corporación) para la creación de un cementerio de reconciliación, donde los que han sido repatriados, o, quienes luego de las guerras han quedado viviendo en otro país por las nuevas trazas geográficas, pudieran ser enviados a su lugar de origen, precisamente Danzig (Alemania) que para la caída del muro de Berlín ya es Gdansk, Polonia. Cabe aclarar aquí que lo insólito de ambos Alexander/dra en su juventud, habían pertenecido a distintos partidos, él enrolado en las filas nazis, y ella comunista de alma. Aquí, Grass emula su propia biografía, de militante en el nazismo; Alexander dice ¨que fue una aberración¨, y Alexandra, si bien en su cincuentena reconoce que el comunismo no ha cumplido con sus ideales, aún suspira por los principios comunistas. Su unión con Alexander implica una unión ideológica.

Una imagen de la película, bajada de http://www.fame.uk.com/Completed_Films/Call-of-the-Toad/
Para aquellos que estén interesados en profundizar en el tema, tengo un post en el blog con parte de una entrevista a Günter Grass en Spiegel on line, pero para dejar registrados los conceptos, el escritor reconoce su participación en el nazismo, a los 17 años, pero como un error justificado en su vida. 
SPIEGEL: Can you think of any other mistakes you have made during your life? Grass: In my case, as everyone knows, I was seduced by the Hitler Youth in my younger years. I make this abundantly clear in my book "Peeling the Onion." I suppose I derived a certain immunity to any ideological posturing from that mistake. 
 SPIEGEL: In "Grimms' Words," you address your time with the Waffen-SS once again, and you describe your swearing-in on a clear, cold winter's night. You were 17 at the time. Do you also count that moment among the mistakes in your life? Grass: It was not a misdeed on my part. I was drafted, as many thousands of others were. I didn't volunteer for the Waffen-SS. The end of the war liberated me from the pledge of blind obedience. After that, I knew that I would never take an oath again.

Demás está decir, que mis recuerdos de geografía de la escuela secundaria no me bastaron para evitar las confusiones geográficas que tuve, cuando Grass empieza a nombrar distintas ciudades de Polonia, Alemania, Lituania. No pude tener en claro de dónde a dónde irían los futuros muertos o los cuerpos de los repatriados, que por supuesto, eran los millonarios, los pobres no podrían pagar ese lujo.
El emprendimiento es absolutamente exitoso, y la parte de mi interés, como arquitecta, la diré aquí, porque los críticos han obviado las mejores partes, como el diseño de un landscape o paisajismo en sectores que sea del gusto de cada país, no obstante no habría barreras, los cuerpos se enterrarían sin divisiones físicas entre nacionalidades (de allí la palabra ¨reconciliación¨). Hay un párrafo memorable, en invierno, el biógrafo de la pareja, dice que la nieve unificó el paisaje y las nacionalidades. Hermoso.
Otra parte interesante y de humor ¨negro¨, es la constante referencia a la caída del muro de Berlín, que yo tuve oportunidad de ver por TV, en Buenos Aires, como decía, el cementerio no tenía divisiones, no obstante comienzan a aparecer pintadas (graffiti), se proponen algunas barreras físicas para evitar los vándalos, y así la metáfora del muro se reconstruye en otros a los que apenas se hace alusión. No cabe duda que la reunificación alemana fue difícil, la caída del muro fue alegórica a fines de los ´90, no se cambiaron ideologías de un día para otro. Y eso queda reflejado en el texto.
La junta de directores comienza a recibir las quejas de los familiares que concurren masivamente a las ceremonias, cada vez más habituales, porque no hay lugar suficiente de albergue; es más, algunas mujeres viajan embarazadas y necesitan clínicas para ser atendidas. A partir de estas primeras necesidades, lo que surgió como idea filantrópica, comienza a dar paso al capitalismo; algunos directores se enojan, renuncian, pero ya no hay vuelta atrás. Se da paso a la construcción de clínicas, hoteles, bungalows de golf para los nietos que se aburren, diseños innovativos para ataúdes, etc.
Finalmente la pareja, decepcionada por los cambios, pero conforme con que han surgido muchos cementerios de la reconciliación en diversas localidades, renuncia y deja su lugar a empresarios, uno de ellos de turismo, el otro una arquitecta.
Después de haber leído El Tambor de Hojalata, este libro me decepcionó, pero sí rescato la idea, que podría haber sido plasmada con más diálogos y situaciones dinámicas. 

Como nota al margen, nadie habla del título ¨The Call of the Toad¨, tan absurdamente traducido como Malos Presagios (que no los hay, según mi punto de vista). Acá debo mencionar una anécdota que me contó de niña un amigo de mi papá, argentino, pero criado en Italia en la I Guerra Mundial. Estaban pasando hambre, y él dió con un grupo de hombres, comiendo en la costa de un lago (así lo recuerdo yo). Y le dicen, que para que le den comida, debe tragarse una ranita. Y así lo hizo, por desesperación. Aún me dan impresión sus palabras ¨y yo sentía como la ranita me saltaba en el estómago.¨ 
Günter Grass cuenta, a través del biógrafo de Alexander y Alexandra que él había tragado varios sapos (sapitos) y que lo hacía por apuestas y diversión, en su época de estudiante. Y que esos sapos vivos en su interior, lo llamaban a hacer algunas cosas, entre ellas escribir la historia de Alexander, su ex compañero de colegio, quien le manda material grabado, fotos, cartas. Ese llamado del sapo, es como un llamado al deber. 
En su discurso de dimisión, Alexander graba como ¨música¨ de fondo los cantos de los sapos, que van variando según las palabras que usa. Maravilloso y original, en medio del tedio general.

Mi conclusión, es que no puede ser un libro leído a la ligera, pero quien lo haga, debe aprestarse a retomarlo luego de varias siestas :) Será mejor la película del 2005?

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