El Nacimiento de Venus. Pintura de Boticelli
En la histórica competencia entre el hombre y la mujer, éste ha llevado las de ganar, aunque mitos y religiones siempre han fusionado sus cuerpos, sus espíritus, y es innegable que no se concibe hombre sin mujer y viceversa. O sea, en este aspecto estamos parejos, dejando de lado cuanta concepción hubo a partir de vírgenes, estrellas, caracolas, huevos, clones...
Es interesante ver cómo los historiadores cada tanto recuerdan a las mujeres a la par de sus hombres, desde las que repartían pociones para ayudar a sus héroes, pasando por las que bordaban banderas para sus soldados, hasta las profesionales modernas, cada vez más inmersas en las actividades hombrunas, siendo así que al día de hoy, no hay trabajo en el que ellas no se inmiscuyan, pero tampoco día Internacional que las reivindique por completo.
Estos temas resultan difíciles de tocar con machistas, y siendo yo una jovencita, un día me enredé en una discusión al respecto con un colega compañero de oficina, quien, siendo bastante mayor que yo, me hizo saborear la derrota de quien no porta ¨la voz de la experiencia¨. Filosofando a su manera de conocedor del Pensamiento Oriental, afirmó que los hombres son más inteligentes que la mujeres, en consecuencia, ellas, para compensar, prestan atención a los más mínimos detalles, incluso a los que parecen inocuos o irrelevantes, tildándose de ¨intuitivas¨, gran cualidad apócrifa que les daba derecho a decir a sus parejas ¨Te lo dije!!!!!¨. Esas palabras se hicieron eco en mi mente, cuando ví que él salía despedido por la puerta de servicio, mientras yo me quedé a trabajar allí por años, progresando y obteniendo los beneficios de mis jefes, que por supuesto, eran más inteligentes que yo.















