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Saturday, April 3, 2010

¿Quién era Honorio Bustos Domecq?

Borges y Bioy Casares. Imagen de http://www.igooh.com/uc/in/6847.jpg

Honorio Bustos Domecq hizo su primera aparición como F. (Francisco) Bustos, seudónimo bajo el cual, el escritor argentino Jorge L. Borges, en 1933, publicó su primera historia de ficción, ¨El Hombre de la Esquina Rosada¨. Francisco Bustos era el nombre del bisabuelo de Borges. Luego, junto con su gran amigo, el autor argentino Adolfo Bioy Casares, utilizaron el seudónimo ¨H. Bustos Domecq¨ (siendo Domecq el apellido del bisabuelo de Bioy) para otros trabajos que no han sido considerados tan importantes como sus obras individuales. La primera publicación, de 1942, Seis Problemas para Don Isidro Parodi, es una saga de relatos detectivescos; en 1967, bajo el mismo nombre ficticio, publicaron Crónicas de Bustos Domecq.
Habiendo leído sus cuentos, doy fe que no son tan atrapantes como los de Borges, pero aún conservan el estilo de ambos.
María del Carmen Marengo, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, en su texto El mundo cultural de H. Bustos Domecq o ¿Quién leyó esos libros?:  de lo residual y el olvido en la cultura argentina del siglo XX, expresa el sentimiento popular sobre los libros de Bustos Domecq (párrafos de tu publicación):

¨La obra de H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch, prácticamente arrumbada en los rincones de la historia literaria, bien parecería pertenecer a éste ámbito de los libros que “no se leen”, que no dejan huellas, ..... Sólo que, en este caso, la presencia de dos escritores como Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares que pueden adjudicarse los derechos de propiedad alcanza para rescatarlas de ese lugar ingrato.
La obra de Bustos Domecq y B. Suárez Lynch parece construida sobre ese costado oscuro, “intrascendente” (desde el punto de vista de la supuesta trascendencia de los bienes generados desde la cultura alta), de la literatura. En ese espacio encontraría sus referentes, tanto para el estilo polimórfico de sus autores como para las prácticas y producciones culturales a las que remite. En este sentido, parte de la dificultad para su abordaje radicaría en que se trata de un corpus que dialoga con una franja de la cultura que ha perdido visibilidad desde una perspectiva histórica, y a la que, en su carácter paródico, parece conducir toda referencia proveniente de un espacio más noble y elevado, o por lo menos, más recordado.
Sin embargo, no todo puede estar perdido, y los mismos textos ofrecen puntos de anclaje para la reconstrucción de los diálogos y discusiones que mantienen al referir a zonas más iluminadas del devenir cultural. Por algún resquicio el texto emerge y se sustrae de ese espacio de letra muerta. De otro modo, el trabajo de Borges y Bioy estaría jugando una partida perdida de antemano y se condenaría al suicidio, se incluiría voluntariamente en el espacio del olvido integrado supuestamente por los libros de la lista de Sur. La tarea impuesta de sacar a la luz lo no visible parece ser la más desafiante; para eso, no se puede menos que seguir las pistas visibles que se ofrecen.
Además de ser el primero, Seis problemas para don Isidro Parodi resulta también el más importante de los libros publicados bajo el nombre de H. Bustos Domecq en el período correspondiente a la década del 40 y principios de la del 50. De todos los textos de esta época es el que presenta una mayor recepción, evidente en las ediciones y estudios críticos que se le han dedicado con preferencia frente al resto de la obra del escritor ficticio. Por otro lado, ofrece una mayor complejidad dada por seis relatos independientes pero más o menos encadenados. 
Ahora bien, un aspecto que llama la atención, y que puede extenderse a toda la obra de Bustos Domecq y Suárez Lynch de este período, es que el mundo cultural al que remite parece corresponderse con la cultura de décadas anteriores más que con la que le es contemporánea. Así sucede no sólo con los personajes sino también con toda una serie de referencias.¨

Referencia
María del Carmen Marengo. ¨El mundo cultural de H. Bustos Domecq o ¿Quién leyó esos libros?:  de lo residual y el olvido en la cultura argentina del siglo XX¨
 publicado en Escribas. Revista de la Escuela de Letras, N° 2, Universidad Nacional de Córdoba, Diciembre de 2002. Págs. 45-55. 2007

Friday, April 2, 2010

APOCALIPSIS. Por Marco Denevi


Del libro ¨Falsificaciones¨, del autor Argentino Marco Denevi:

El fin de la humanidad no será esa fantasmagórica ideada por San Juan en Patmos. Ni ángeles, ni monstruos ni batallas en el cielo o en la tierra. El fin de la humanidad será lento, gradual, sin ruido, sin patetismo: una agonía progresiva. Los hombres se extinguirán uno a uno. Los aniquilarán las cosas, la rebelión de las cosas, la resistencia, la desobediencia de las cosas. Las cosas, después de desalojar a los animales y a las plantas e instalarse en todos los sitios y ocupar todo el espacio disponible, comenzarán a mostrarse arrogantes, despóticas, volubles, de humor caprichoso. Su funcionamiento no se ajustará a las instrucciones de los manuales. Modificarán por sí solas, sus mecanismos. Luego funcionarán cuando se les antoje. Por último se insubordinarán, se declararán en franca rebeldía, se desmandarán, harán caso omiso de las órdenes del hombre. El hombre querrá que una máquina sume, y la máquina restará. El hombre intentará poner en marcha un motor, y el motor se negará. Operaciones similares y cotidianas como encender la televisión o conducir un automóvil se convertirán en maniobras complicadísimas, costosas, plagadas de sorpresas y de riegos. Y no solo las máquinas y lo motores se amotinarán: también los simples objetos. El hombre no podrá sostener ningún objeto entre las manos porque se les escapará, se le caerá al suelo, se esconderá en un rincón donde nunca lo encuentre. Las cerraduras se trabarán. Los cajones se aferrarán a los montantes y nadie logrará abrirlos. Modestas tijeras mantendrán el pico tenazmente apretado. Y los cuchillos y tenedores, en lugar de cortar la comida, cortarán los dedos de quienes los manejan. No hablemos de los relojes: señalarán cualquier hora. No hablemos de los grandes aparatos electrónicos: provocarán catástrofes. Pero hasta el bisturí se deslizará, sin que los cirujanos puedan impedirlo, hacia cualquier parte y el enfermo morirá con sus órganos desgarrados. La humanidad languidecerá entre las cosas hostiles, indóciles, subversivas. El constante forcejeo con las cosas irá minando sus fuerzas .Y el exterminio de la raza de los hombres sobrevendrá a consecuencia del triunfo de las cosas. Cuando el último hombre desaparezca, las cosas frías, bruñidas, relucientes, duras, metálicas, sordas, mudas, insensibles, seguirán brillando a la luz del sol, a la luz de la luna, por toda la eternidad.

Referencia

ESPECTROS. Poema de Elsa Gillari

LOS ACTORES - Dibujo surrealista en grafito pintado con pincel digital e intervenido digitalmente, que acompaña su poema. Ambos de autoría de la artista argentina Elsa Gillari.


ESPECTROS
En el escenario 
del teatro de la vida 
sentimientos espectrales
----------enmascarados en miedos------------
pertenecientes a un lejano pasado 
conviven acurrucados en mí
a esperas 
del 
momento final

(el desenlace)

Actúo sonrisas prisioneras de funestos recuerdos 
(buscando ver la luz )
que me persiguen….me persiguen

¡Malditos espectros!

Llegará a su fin el martirio 
mientras me incorporo máscaras sonrientes 
que lloran el pasado 
explorando campos minados 
de una realidad de cuando era cría 
que huérfana pude haber sido 
Suplicio en aquel momento 

La función no ha terminado 
y aunque lo niegue la realidad
---------------me martiriza------------------

En carne viva la máscara del desgarro
y el lamento cubre mi rostro 
Y padezco la rabia 
de ver en ella
como su flama 
se apaga
---------------------------------------------------
¡mueran verdugos fantasmas agonizantes!
---------------------------------------------------
Deseo creer en milagros
pero…

¡Es la ley de la vida!

A imagen y semejanza. Por Mario Benedetti

Moebius ants. Image from http://www.thypott-art.com/



Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras. Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el terrón. Retrocedió, después se detuvo. Tomando sus patas traseras como casi punto fijo de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de un reloj. Sólo entonces se acercó de nuevo. Las patas delanteras se estiraron, en un primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron. Sin embargo, el rápido movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga. Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo sostuvo sobre su cabeza. Por un instante pareció vacilar, luego reinició el viaje, con un andar bastante más lento que el que traía. Sus compañeras ya estaban lejos, fuera del papel, cerca del zócalo. La hormiga se detuvo, exactamente en el punto en que la superficie por la que marchaba, cambiaba de color. Las seis patas hollaron una N mayúscula y oscura. Después de una momentánea detención, terminó por atravesarla. Ahora la superficie era otra vez clara. De pronto el terrón resbaló sobre el papel, partiéndose en dos. La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó una detenida inspección de ambas porciones, y eligió la mayor. Cargó con ella, y avanzó. En la ruta, hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada. La bordeó lentamente, y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se había vuelto nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga tenía lugar sobre una A. Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera soplado. Hormiga y carga rodaron. Ahora el terrón se desarmó por completo. La hormiga cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo. Luego pareció tranquilizarse. Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes había formado parte del medio terrón, pero no lo cargó. Cuando reinició su marcha no había perdido la ruta. Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en la zona clara, otro obstáculo la detuvo. Era un trocito de algo, un palito acaso tres veces más grande que ella misma. Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se quedó inmóvil durante unos segundos. Luego empezó la tarea de carga. Dos veces se resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de mástil inclinado. Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de la hormiga era casi triunfal. Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja y la hormiga rodó, más o menos replegada sobre sí misma. Sólo pudo reincorporarse cuando llegó a la madera del piso. A cinco centímetros estaba el palito. La hormiga avanzó hasta él, esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple paso. Así y todo, llegó hasta su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras, de nuevo corrió el aire y el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá, semicaído en una de las rendijas que separaban los tablones del piso. Uno de los extremos, sin embargo, emergía hacia arriba. Para la hormiga, semejante posición representó en cierto modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de intentar la operación desde un ángulo más favorable. Al cabo de medio minuto, la faena estaba cumplida. La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición más cercana a la estricta horizontalidad. La hormiga reinició la marcha, sin desviarse jamás de su ruta hacia el zócalo. Las otras hormigas, con sus respectivos víveres, habían desaparecido por algún invisible agujero. Sobre la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que sobre el papel. Un nudo, bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más de un minuto. El palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo de la hormiga aseguró su estabilidad. Dos centímetros más y un golpe resonó. Un golpe aparentemente dado sobre el piso. Al igual que las otras, esa tabla vibró y la hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió su carga. El palito quedó atravesado en el tablón contiguo. El trabajo siguiente fue cruzar la hendidura, que en ese punto era bastante profunda. La hormiga se acercó al borde, hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó en aquel abismo de centímetro y medio. Le llevó varios segundos rehacerse, escalar el lado opuesto de la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón. Ahí estaba el palito. La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento que un intermitente temblor en las patas delanteras. Después llevó a cabo su quinta operación de carga. El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con respecto al cuerpo de la hormiga. Esta hizo un movimiento brusco y entonces la carga quedó mejor acomodada. A medio metro estaba el zócalo. La hormiga avanzó en la antigua dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la veta. Ahora el paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de derrumbe. A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada. Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga y hormiga.



The Trial of Salem’s Witches

"The Trial of George Jacobs, August 5, 1692." By T. H. Matteson, 1855.
Oil painting. © Peabody and Essex Museum. From 
 www.libraryontheweb.org/.

The book What Happened in Salem? (USA, 1960) by David Levin (Stanford University) contains documents pertaining to the Seventeenth-Century witchcraft trials. Parts I, II, and III (exclusive of “Resolve of Massachusetts General Court, August 28, 1957”) of this book are reprinted from Handbook for English A, sixth edition, 1950. This book is a jewel for me, because it is not a novel, you can read the statements, the accusations, the letters related to the cases. The author warns the readers (mostly scholars, students) not to dismiss the episodes merely as a horrible example of “superstition”, as a curious delusion of a demented people: no one can reach a reasonable judgment without taking history into account, and that means trying to understand the ideas and beliefs which to people of the time seemed to justify the Salem executions.
Here, I reproduce some excerpts, the trial of the Tituba Indian, of course is much longer, but I wanted to show the “spirit” of the statements.

“Between June 10 and September 22, 1692, nineteen Massachusetts men and women and two dogs were hanged for witchcraft, and one man was pressed to death for refusing to plead to the indictment. When the executions came to an end, fifty-five people had confessed that they were witches, and a hundred and fifty were in jail either waiting to be tried or enduring, as several convicted women did, reprieves granted them so that infants they had already conceived would not be executed with them.
Toward the end of the seventeenth century, belief in the reality of witchcraft was virtually universal. In European countries both Catholic and Protestant, thousands of “witches” had been executed. Despite important advances toward modern science, few people had thought of criticizing current theology in the light of the newest scientific discoveries. No one used Newton’s law of gravitation to challenge Cotton Mather’s remarks about the aerial activities of “legions of devils.” The “invisible world” was still, for most people, a real one. Even the few articulate critics of the Salem trials did not deny the existence of witchcraft; they attacked the methods used by the Salem judges. The intellectual leaders and, so far as we know, the mass of the people read their Bibles literally, accepting without question the Mosaic pronouncement (Exodus 22.18): “Thou shalt not suffer a witch to live.”
The crime of witchcraft consisted in entering into a contract of “covenant” with the Devil.
The New England Puritans and some other Englishmen believed, moreover, that the Devil’s last and most powerful stronghold was in the wilds of North America. This conviction was supported by the presence of “barbarous savages,” the antics of whose medicine men savored of witchcraft; and some Puritans reasoned that Satan and his legions would carefully patrol the heathen and Catholic frontier to defend it against any expansion of the Bible Commonwealth.
The puritans knew, too, that the Devil had little time left before the millennium; one minister estimated that Antichrist had only about twenty years more in which to win converts and torture mankind.
In 1692, the magistrates discovered a witchcraft conspiracy in Salem Village, and while the scope of the plot seemed to be growing the people learned that a devilish earthquake had killed seventeen hundred in Jamaica. The Devil seemed to be striking on several fronts at once.
When in February, 1692, Elizabeth Parris, eleven-year –old of the minister at Salem Village, and her cousin Abigail Williams began having violent fits, they behaved as had afflicted children in Sweden in 1669, and the Goodwin children who were bewitched in Boston in 1688.
Samuel Parris and the doctors he consulted could compare the symptoms of his daughter and niece with accounts of the earlier bewitchments. When they learned too, that the girls had been taking lessons in palmistry from Tituba, a West Indian slave in the Parris family, they were sure that the Devil had made some converts in Salem Village.

Some excerpts from the “Examination of Tituba Indian”.

Q. Did you never sep the devil.
A. The devil came to me and bid me serve him.
Q. Who have you seen.
A. Four  women sometimes hurt the children.
Q. Who were they.
A. Goody Osborne and Sarah Good and I do not know who the other were. Sarah Good and Osborne would have me hurt the children but I would not she further saith there was a tall man of Boston that she did see.
Q. What is the appearance you see.
A. Sometimes it is like a hog and sometimes like a great dog, this appearance she saith she did see 4 times.
Q. What else have you seen
A. two rats, a red rat and a black rat.
Q. What did they say to you.
A. they serve me.” 
Illustration from the book by Joseph Glanvill ¨Saducismus Triumphatus: Or, a Full and plain Evidence, Concerning Witches and Apparitions¨, London, 1681.Downloaded from Google images.

De la serie de pinturas ¨Cosmology¨

¨El Infierno¨ de Lautaro Dores. Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Hoy me complace compartir una reflexión y su correspondiente pintura, del artista plástico argentino Lautaro Dores.  De su serie ¨Cosmology¨.

Entender

Entender completamente un libro sagrado,
es la comprensión del todo,
no por leer todos los libros santos
nos libraríamos tan fácilmente de la nada,
si es que no estamos malentendiendo todos los libros santos,
entonces,
¿que serían globalización y guerra?

Para ver otros trabajos de Lautaro Dores en Fusión de las Artes:

From Danish Popular Legends. By Hans Christian Andersen.

Snow covered hut. From http://www.1st-art-gallery.com



Today it is the 205th birthday of Hans Christian Andersen (April 2, 1805 – August 4, 1875), the Danish author and poet, so well recognized for his children’s stories.
Andersen’s tale “Danish Popular Legends” was first published in The Riverside Magazine for Young People, Vol. IV, pp. 470-474, New York, October 1870. It has never been published in Denmark. Here is one of those legends:

The enemy made once a great attack on the Danish island of Funen. One village only was spared; but this was also soon to be sacked and burnt. Two poor people lived in a low-studded house, in the outskirts of the town. It was a dark winter evening; the enemy was expected; and in their anxiety they took the Book of Psalms, and opened it to see if the psalm which they first met with could render them any aid or comfort. They opened the book, and turned to the psalm, “A mighty fortress is our God.” Full of confidence, they sang it; and, strengthened in faith, they went to bed and slept well,—kept by the Lord’s guardianship. When they awoke in the morning it was quite dark in the room, and the daylight could not penetrate; they went to the door, but could not open it. Then they mounted the loft, got the trap-door open, and saw that it was broad daylight; but a heavy drift of snow had in the night fallen upon the whole house and hidden it from the enemies, who in the night-time had pillaged and burnt the town. Then they clasped their hands in thankfulness, and repeated the psalm, “A mighty fortress is our God!” The Lord had guarded them, and raised an intrenchment of snow around them.

From http://hca.gilead.org.il/danish.html

Thursday, April 1, 2010

El Mejor Amigo del Hombre

Pichón. Photocollage de Myriam B. Mahiques


Dicen algunos psicólogos que a medida que la gente convive con sus allegados, no necesariamente de sangre compartida, los rasgos y gestos se unifican y surgen los parecidos. Incluso entre niños y sus padres adoptivos. Y lo que es más, nos dicen que esta cuestión es extensiva a las mascotas, y hay personas que seleccionan aquéllas mascotas con las que se sienten identificadas.
Éste parece haber sido el caso de mi abuelo valenciano. Pequeño de estatura él, pequeño el perro, ambos pendencieros, malevo cuasi argentino él, de ataque el otro, con un cuchillo gastado de duelos el uno –¨ves, que tiene una ranura por donde desliza la sangre¨-, con dientes afilados el otro. Ver uno, era ver los dos, trotando en mutua compañía.
La hazaña preferida de Pichón, era el ataque a las comadrejas del campo. La mejor, según mis recuerdos de niña, cuando el abuelo ubicó su camioneta Chevrolet, esa que ataba con alambres, bajo el enorme sauce llorón. Bastaba que le dijera al perro, ¨Busque, busque!!!¨, y desesperado saltaba Pichón, de nivel en nivel, ascendiendo por la negra camioneta polvorienta, hasta llegar al hueco del sauce donde lo esperaba feroz, la comadreja, terrible depredadora y gran madre de su cría numerosa. Mordiscones iban y venían, dos cuerpos fusionados,  y no me cabe duda que el Fox Terrier marrón, de digna subraza Tajun Gapul, luchaba colgado en el aire, invencible, sostenido apenas por sus filosos dientes. Mientras, el abuelo moqueaba de emoción, porque la emoción no lo hace a uno menos macho, de acuerdo?
Pero los pendencieros no quedan sin castigo, y así un día, vino el abuelo desesperado, a contarnos que su perro adorado había sido raptado.
-          Viejo, no puede ser, cómo se le ocurre que alguien le raptaría al perro, un perro que ni siquiera es puro?-
-          Te juro, me lo raptaron. Porque yo sé, fue un vecino, yo lo escucho ladrar, sé que está en esa casa, lo hicieron en revancha. Fui a preguntarle, pero me niega, ya verá ese, lo voy a agarrar,,, (irreproducible etc)!!!-
-          Abuelo, no llores, qué hiciste para que alguien te haga algo así?-
-          Eso no importa.-
-          Mirá, vamos a hablar con los vecinos, todos lo conocen y seguro nos dicen dónde está.-
Pichón volvió, solito y a su manera. No era ningún tonto el bicho, porque, de alguna forma entendió que no debía volver así nomás a su casa. Que mejor era acostarse en el jardín al frente de la casa del hijo, a esperar tranquilo, echado a la sombrita entre los rosales. Pacientemente, ya lo rescatarían. Y por suerte, en esa ¨época¨, ya estábamos modernizados con teléfono!!!, y así pudimos llamar al abuelo, que vino corriendo a completarse con su medio Yo.

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